En principio, es alentador que el pensamiento político, como el de Wim Dierckxsens, se eche a andar y vuelva a poner las cosas en el horizonte de la historia. Salir de la realpolitik pragmática y del inmediatismo que buscan la clientela política electoral, que giran sobre las necesidades inmediatas y continúan así con la dependencia civil, política y económica que nuestros pueblos de Latinoamérica vivieron en el siglo XX, es de por sí y gran paso para nosotros.
El texto de Dierckxsens presenta una seria descripción de la situación económica mundial, apuntalada por una sólida información, y presenta alternativas de solución para reorientar la producción hacia la vida y la dignidad de las personas. En contra de la economía de desgaste, del derroche y de la obsolescencia programada de los productos, del corrimiento de la riqueza hacia la especulación monetaria y bursátil y de la producción destructiva del equilibrio entre la naturaleza y el hombre.
Con nuestro reconocimiento a la sabia exposición de sus planteamientos en la Escuela de Economía de la Universidad Michoacana de México, durante el mes de junio; y con nuestro agradecimiento por la gentileza y el respeto, dos dotes del autor puestas a la vista en nuestra breve conversación personal, hemos redactado unos comentarios a su obra, con el ánimo de intercambiar opiniones y aprender de su pensamiento.
Con el respeto debido, he aquí algunos de sus planteamientos medulares.
-La economía de EU. Albores de una crisis mundial.
-Las respuestas a la crisis.
-Hacia otra democracia.
-La nueva racionalidad económica.
-Medidas necesarias y posibilidades que abre el progreso genuino.
-Las respuestas a la crisis.
-Hacia otra democracia.
-La nueva racionalidad económica.
-Medidas necesarias y posibilidades que abre el progreso genuino.
LA ECONOMÍA DE EU. ALBORES DE UNA CRISIS MUNDIAL
1. Del 2000 al 2004, el dólar cayó casi un 40 por ciento (de 1.22 a 0.74 euros). Los precios de los metales subieron 21 por ciento y el petróleo 34 por ciento. Sin embargo, en 2003 sólo el 20 por ciento de las reservas internacionales están en euros, el gran monto usa el dólar.
1. Del 2000 al 2004, el dólar cayó casi un 40 por ciento (de 1.22 a 0.74 euros). Los precios de los metales subieron 21 por ciento y el petróleo 34 por ciento. Sin embargo, en 2003 sólo el 20 por ciento de las reservas internacionales están en euros, el gran monto usa el dólar.
2. La deuda pública de EU asciende a: 8.2 Billones de Dólares (BD) de déficit fiscal, más 1.6 BD de los gobiernos locales. A la que se agrega la deuda privada de 9.6 BD, la empresarial de 7.6 BD y la del sector financiero de 11.7 BD. Sin embargo, el 60 por ciento de los l.5 BD diarios de transacciones monetarias mundiales se realiza en dólares y el 37 por ciento en euro; igual que el 50 por ciento de los nueve BD de exportaciones mundiales de bienes y servicios. Su bolsa de valores (año 2000) valía 13 BD y el mercado de bonos 22. (Del cual los extranjeros poseen el 23 por ciento)
.
3. Los bienes inmuebles de EU tienen un precio entre 40 y 60 por ciento por encima de su valor, lo cual presenta a futuro la posibilidad de un colapso con repercusiones directas sobre la población.
Además, la política guerrerista y la invención del terrorismo internacional como enemigo fantasma, indican que, dice Wim, “como potencia económica los EU ya no establece las reglas del juego”.
Además, la política guerrerista y la invención del terrorismo internacional como enemigo fantasma, indican que, dice Wim, “como potencia económica los EU ya no establece las reglas del juego”.
En síntesis, la posición endeble de la economía de los EU permite afirmar la futura “crisis terminal del sistema” y la apertura de una “época de mayor esperanza”. (pp. 21-23).
Dicha crisis podría acelerarse si los países asiáticos decidieran diversificar sus reservas, provocando así una caída del dólar; si las tasas de interés subieran al grado de generar una crisis de pagos de los deudores inmobiliarios; si las importaciones de los EU descendieran, golpeando las exportaciones de los países débiles; o si la especulación se reorientara hacia los metales preciosos en medio de la inestabilidad del dólar.
Todo lo cual indica hacia la necesidad de establecer otro orden económico mundial. Un fin que reabre la pregunta sobre el camino a seguir: “¿Puede la acción política -se pregunta Dierckxsens- adquirir todavía la forma de intervención al estilo keynesiano? O... ¿el poder ha de controlar los propios movimientos del capital... dentro de un marco democrático de contabilidad social, a partir de la ciudadanía y en función de ella?” (pp. 24-25).
Comentario
Con la intención de establecer un diálogo directo con sus posiciones, adelantaremos comentarios parciales, basados en nuestras tesis sobre el socialismo nuevo. (Expuestas en nuestros libros: La tragedia del socialismo. La Mueca, 1991; El México nuevo. República democrática de los trabajadores. La Mueca, 1999; El socialismo nuevo. La Mueca, 2004; Praxis estratégica del socialismo nuevo. Morevallado, 2005; y Del socialismo de control al socialismo nuevo. Morevallado, 2006).
Con la intención de establecer un diálogo directo con sus posiciones, adelantaremos comentarios parciales, basados en nuestras tesis sobre el socialismo nuevo. (Expuestas en nuestros libros: La tragedia del socialismo. La Mueca, 1991; El México nuevo. República democrática de los trabajadores. La Mueca, 1999; El socialismo nuevo. La Mueca, 2004; Praxis estratégica del socialismo nuevo. Morevallado, 2005; y Del socialismo de control al socialismo nuevo. Morevallado, 2006).
Al respecto, comenzar el planteamiento reseñando la crisis capitalista hace obligatorias algunas observaciones:
1.
En el campo de las contradicciones entre las formas de capital (el productivo, el comercial, el financiero, el circulante, etc.), se dan crisis eventuales que dan paso a la continuidad del sistema; y crisis terminales que abren la posibilidad de la muerte del mismo.
En las corrientes marxistas (tanto en los tiempos de los pensadores originales, como en los del leninismo, el trotskismo, el stalinismo, etc.) se creyó que el capitalismo estaba al borde de la catástrofe final, derivando de allí que las condiciones estaban listas para la “toma del poder” y concluyendo en intentonas fallidas. Se dijo muchas veces: “el capitalismo ya está muerto, basta enterrarlo”; mientras tanto, la reacción se reorganizaba, el cadáver resucitaba y reanudaba su marcha.
Así lo creyeron Marx y Engels respecto al capitalismo basado en la tecnología y los materiales de la primera revolución industrial (el carbón, la máquina de vapor, el trabajo asalariado por oficios, etc.); así lo creyó el leninismo en la época de la segunda revolución industrial de finales del XIX y de la revolución rusa (la industria del petróleo, la química, la electricidad, la automotriz, la técnica científica, la de máquinas herramientas, el trabajo en cadena); así se creyó con la muerte de Stalin, con la amenaza de la guerra nuclear, la instauración de la coexistencia pacífica y la guerra fría en la segunda mitad del S.XX.
Sin embargo, desde el ángulo de nuestras posiciones, que hemos denominado socialismo nuevo, se han revisado las viejas concepciones y se ha buscado determinar las nuevas estrategias de la transformación histórica. Desde allí, el problema es más complejo.
Una verdadera crisis histórica, esto es, que marque el augurio de una nueva configuración total de la sociedad y del mundo, no sólo tiene como indicador la desarticulación de su armazón económica.
Tiene tres rasgos: su inoperancia económica para mantener la convivencia normal de la sociedad (crisis de la producción y el consumo), su inoperancia política para mantener el orden y el dominio (crisis del estado y el derecho), y la inoperancia de su régimen de propiedad (la crisis de su clase dominante) para dar respuesta a las nuevas necesidades surgidas en el devenir. Entonces dicho sistema puede despedirse de la historia, con su clase y su estado.
Por supuesto, lo demuestra la historia, la crisis de un sistema, provocada por el debilitamiento de sus fuerzas, abre la mayor posibilidad para la emergencia de fuerzas de transformación.
Por supuesto, causa alegría ver caer al enemigo, pero el mundo no es sólo material y la consolación psicológica no cambia las cosas.
Por supuesto, la crisis es una gran oportunidad. Posición que en la estrategia tiene cardinal interés. El mundo no se recompone como un vegetal. Eso se hace con una conciencia y una fuerza social organizadas que porten principios y formas de vida nuevos. De no existir éstas, el régimen en decadencia, asustado y al borde del precipicio, se rehace y sobrevive redoblando la opresión.
Pero, aun en una crisis histórica, y en las sacudidas temporales del sistema económico mundial, no basta su aparición para que el mundo cambie. Ello sólo abre la batalla de dos grandes fuerzas: las del capital que pugnan por continuar con su expoliación y las del trabajo que son las únicas que tienen capacidad central para derribarlo.
2.
El camino al cielo del futuro no es vía recta. De una crisis no surge necesariamente una transformación, también puede sobrevenir la parálisis o una reacción extrema.
El camino al cielo del futuro no es vía recta. De una crisis no surge necesariamente una transformación, también puede sobrevenir la parálisis o una reacción extrema.
En los 20’s, el fascismo italiano y el nazismo alemán se gestaron en este fermento. En México, particularmente, tras el estallido monetario de agosto de 1976, de la crisis de la deuda en 1982, del desmantelamiento de la economía estatal y nacional con el neoliberalismo del PRI y el PAN, los trabajadores (incluyendo a sus más “ilustrados” como los universitarios), se han replegado e, involuntariamente, han hecho el juego a la derechización del país.
En la escena internacional, el cierre de las alternativas históricas fue propiciado con:
a) la mitigación de la crisis económica aplicando la política keynesiana (incremento de la demanda agregada, inversión pública productiva, empleo, elevación del consumo vía crédito e incremento del ingreso);
b) las políticas de contención del “estado de bienestar” (subsidios en alimentos, transportes, salud, y diversas ayudas a los más desvalidos); y
c) con la aparición de un fascismo nuevo que, sin las exageraciones de Hitler y Mussolini, fue reconstruyendo las instituciones y organismos para establecer el fascismo civil.
El surgimiento de un sindicalismo reformista subordinado al control estatal, su exclusión de la política, el control de sus líderes, el sometimiento de las demandas y la conciencia obreras, bases del nuevo fascismo, indicaban que apostar todo a la catástrofe era hacer el juego a la continuidad del dominio capitalista. Pues el movimiento de transformación ya estaba atrapado en el hoyo del control.
Por eso, desde los 60’s, surgió la corriente que, dejando de lado las clases y la estrategia revolucionarias, centradas éstas en el combate contra las estructuras, sin enfrentarse al núcleo del sistema viró su atención hacia quienes no tienen una posición funcional y estructural en el mismo. Los marginados, los movimientos guerrilleros, como ahora algunos grupos de trabajo no pagado y ONG’s parecen responder mejor a la “necesidad de rebelarse”.
Las últimas décadas han mostrado que el sistema los ha asimilado, a la vez que ha generado una capa de “pobres en miseria extrema” que no preocupa políticamente porque (según definición de la ONU), no tienen siquiera la capacidad de laborar, dado que su baja ingesta de calorías no les permite una vida útil.
Pero, en el fondo, dos causas han contribuido a cerrar al devenir histórico:
a) Los grandes cambios que han reforzado la organización y la capacidad de respuesta del capitalismo; y
a) Los grandes cambios que han reforzado la organización y la capacidad de respuesta del capitalismo; y
b) La ausencia de una organización de los trabajadores y de estrategias capaces de conducir al triunfo en la batalla histórica.
a) Por un lado, el “capitalismo políticamente administrado”. Sustituye al capitalismo basado en flujos económicos espontáneos, establece equilibrios en el marco macroeconómico a través de acuerdos entre los sectores (como el “Pacto para la estabilidad económica y social” firmado en México en 1987). Regula la economía a través de las tasas de interés, la oferta monetaria, la balanza comercial y de pagos, el flujo de capitales, el manejo de las reservas, etc. Y maniata las protestas y revueltas laborales con la complicidad de las corporaciones civiles.
b) Por otro, lo que hace el sistema es su reacción pertinente. Lo que no parece simple de entender es que, recayendo el peso grande de las crisis sobre las poblaciones y, sobre todo, los trabajadores, éstos no se levanten para adelantar la muerte del sistema.
La razón de esto ya se enunció: a una crisis puede sobrevenir una revolución o una reacción extrema. Y lo que hace que una sociedad avance hacia una transformación favorable al pueblo y la nación es que las fuerzas capaces de conducir los acontecimientos, los trabajadores en general, incluyendo a las clases medias, los profesionistas, los campesinos y los estudiantes, estén organizadas y educadas civil y políticamente para cambiar las cosas y para edificar la nueva sociedad.
Debe decirse, y sin menospreciar cualquier fuerza que se manifieste en contra del capitalismo actual, que las llamadas ONG o los grupos “globalifóbicos”, parecen más bien ser un decorado suplementario que rodea los bunkers donde se reúnen los gobiernos de los poderosos.
Igualmente, quebrada la política keynesiana, pues la fuerza rectora del estado ha sido apropiada por las corporaciones económicas, la estrategia requiere reorientarse hacia la transformación histórica en pos de un mundo nuevo; y asegurarse que la democracia buscada no sea una dosis de oxígeno para reanimar el capitalismo en una crisis. Lo cual, desde nuestra concepción del socialismo nuevo, debe partir de la organización efectiva de la soberanía del pueblo y la nación.
Igualmente, quebrada la política keynesiana, pues la fuerza rectora del estado ha sido apropiada por las corporaciones económicas, la estrategia requiere reorientarse hacia la transformación histórica en pos de un mundo nuevo; y asegurarse que la democracia buscada no sea una dosis de oxígeno para reanimar el capitalismo en una crisis. Lo cual, desde nuestra concepción del socialismo nuevo, debe partir de la organización efectiva de la soberanía del pueblo y la nación.
3.
Hoy por hoy, a pesar del control, la manipulación, la alienación de la vida y la conciencia de los trabajadores, la liberación del trabajo es la única solución verdadera y radical a los problemas del mundo actual. Más allá de los vicios académicos e intelectuales, más allá de los partidos clientelares, de la corrupción sindical y del soborno consumista, vive latente el principio real de la nueva sociedad: el trabajo. Que es la única formación universal opuesta al capital y con capacidad de constituirse en un nuevo fundamento social general.
Hoy por hoy, a pesar del control, la manipulación, la alienación de la vida y la conciencia de los trabajadores, la liberación del trabajo es la única solución verdadera y radical a los problemas del mundo actual. Más allá de los vicios académicos e intelectuales, más allá de los partidos clientelares, de la corrupción sindical y del soborno consumista, vive latente el principio real de la nueva sociedad: el trabajo. Que es la única formación universal opuesta al capital y con capacidad de constituirse en un nuevo fundamento social general.
Su liberación ideológica, organizativa y política, es la base de su fuerza.
LAS RESPUESTAS A LA CRISIS
El texto de Dierckxsens abre las alternativas de:
LAS RESPUESTAS A LA CRISIS
El texto de Dierckxsens abre las alternativas de:
1. La “subordinación de la eficiencia a otros criterios de comportamiento económico”, sin olvidar que “dar prioridad absoluta a la vitalidad de la totalidad lleva a la planificación centralizada que excluye a la ciudadanía”. (pp. 25-26)
2. Dar margen de “conciliación entre los intereses particulares y el bien común”.
3. Pasar de “la economía basada en la concentración de la riqueza en cada vez menos manos a la economía re-productiva” y “frenar la fuga de capitales hacia la esfera especulativa”.
4. “Regular la depreciación tecnológica” y “establecer una nueva racionalidad económica”.
Particularmente, respecto a esta última, al bajar la velocidad de la depreciación de la tecnología regulando o limitando su crecimiento, y la de los bienes producidos en general al reducir el margen de obsolescencia programada de los mismos o elevar su duración con mejor calidad, los capitales podrían emigrar a otras áreas y responder a otras demandas no atendidas, diminuiría la presión sobre los recursos naturales, bajaría la demanda a nivel mundial y redistribuiría el ingreso planetario, dando por resultado la “disminución del crecimiento económico en términos de valor”.
Comentarios
Destaca en lo inmediato que no se toca la modificación de las bases generales de la sociedad dominada por el capital. (La propiedad privada sobre los medios de producción, el salario y la apropiación del valor social por la clase burguesa). Lo cual indica que, aunque el capitalismo adoptara estas medidas, no cambiaría su esencia. Veamos.
Comentarios
Destaca en lo inmediato que no se toca la modificación de las bases generales de la sociedad dominada por el capital. (La propiedad privada sobre los medios de producción, el salario y la apropiación del valor social por la clase burguesa). Lo cual indica que, aunque el capitalismo adoptara estas medidas, no cambiaría su esencia. Veamos.
1.
La economía moderna no se la puede pasar sin el principio de la eficiencia, que pertenece primordialmente a la técnica económica.
La economía moderna no se la puede pasar sin el principio de la eficiencia, que pertenece primordialmente a la técnica económica.
En las sociedades capitalistas, las causas que la han impulsado son: la competencia nacional y empresarial; el incremento de la velocidad de circulación del capital y su reproducción acelerada, vía crédito, publicidad, hábitos de consumo, etc.; la tecnología inventada para optimizar el uso de los materiales y la energía, así como para incrementar la productividad del trabajo.
Pero la marcha social general, siendo limitados los recursos naturales y habiendo crecido la población desmesuradamente con la consiguiente elevación de la demanda de satisfactores, también impulsa la eficiencia y el criterio de la eficacia espontánea no es suficiente. No basta sacar provecho práctico de las cosas, sino hacerlo con el plus que responda a los nuevos requerimientos de la historia.
Es cierto, hasta hoy esos beneficios que genera el plus del esfuerzo realizado son apropiados por el capital. No basta reducir la eficiencia, sino reorientarla. Pues aun en los desajustes eventuales del sistema se frena el crecimiento (produciendo menos volumen, trabajando medios turnos, etc.), se reduce la eficiencia para equilibrar el mercado sobrecalentado, sin que cambie la estructura general. El problema, por tanto, reside en los fundamentos del sistema.
Desde nuestro punto de vista, la solución radica en reorientar el uso del pluvalor generado por la eficiencia y rescatarlo de las manos del capital para:
- Aplicarlo en beneficio de la nación (en obras de infraestructura para beneficio de la agricultura, el transporte y las comunicaciones, en la recuperación del equilibrio con la naturaleza, para su reproducción racional). Todo esto bajo el principio de la soberanía nacional de nuestros recursos, la económica, política, tecnológica y científica.
- Aplicarlo para engrandecer la vida pública, como centro común de bienes ciudadanos, de medios de producción, educación, cultura y servicios que propicien la vida colectiva y la participación común en la gestión de los asuntos.
- Aplicarlo para resolver de modo universal las necesidades civiles de alimentación, educación, salud, seguridad, liberando a los seres humanos de su presión para propiciar el desarrollo de nuevas necesidades humanizadas. Así, no bastará elevar el nivel de vida, que sería otro modo de consumismo. Sino, con los medios actuales, gestar el género de vida que la sociedad requiere para romper su dependencia.
2.
La catástrofe del socialismo de control mostró la falla de la absorción del
a) interés particular por el estado y el partido. El socialismo nuevo debe reconocerlo e incorporarlo interés al interés social general.
La evolución social, la educación de la población, la experiencia en la participación autogestora de sus asuntos, etc., sin embargo, dejan ver que el interés particular de los distintos grupos sociales de trabajadores (campesinos, técnicos, obreros, estudiantes, jubilados, profesionistas, etc.) no se contrapone al
b) interés nacional y público.
Y, obviamente, tal interés particular es distinto al
c) interés privado del capital, que se apropia del interés social, el público y el nacional. Y es distinto también al
d) interés personal y familiar que, cuando no es respetado o es manipulado (como en el socialismo de control y el “estado de bienestar”) se presta al control de los seres humanos por medio de la cadena de satisfactores. (La despensa, la habitación, el derecho al empleo, a la salud, etc.).
El socialismo del siglo XXI, dentro del marco de una sociedad basada en el trabajo y no en el capital o la propiedad privada sobre los medios de producción, deberá, antes de hacer compatibles tales intereses, asegurarse que los particulares sean legítimos.
Para asegurar esto último, ningún bien que esté en posesión de grupos o individuos podrá ser utilizado para explotar el trabajo ajeno. Y, por supuesto, no cabrá el monopolio de la propiedad por el estado, que deberá dejar su lugar a la instancia nacional, la pública y la civil. Las que, en una coordinación general de la economía, habrán de configurar el nuevo esquema de equilibrio estructural.
Al respecto, sobre la base común de la vida, la interrelación y la interacción sociales, consideramos que la respuesta radica en la nueva coordinación general de la economía entre:
a) Las unidades económicas nacionales. Encargadas de la explotación, la producción y la distribución de los recursos naturales, energéticos, minerales y forestales; la infraestructura energética, de riego, de comunicación y transporte; y la producción de medios para la defensa nacional, coordinadas por la Cámara de la Economía Nacional.
b) Las unidades económicas públicas. Encargadas de la producción de medios de producción, materiales intermedios, tecnología energética, la promoción del arte y la cultura, la innovación científica y tecnológica. Con dirección pública, bajo supervisión de la soberanía nacional y popular y coordinadas por la Cámara de la Economía Pública.
c) Las unidades de producción civil autogestionaria. Encargadas de la producción y distribución de las ramas de transformación (construcción, vestido, mobiliario, bienes de uso semiduradero, etc.), agricultura, transporte, comunicación y servicios diversos. Con dirección civil autogestionaria, bajo supervisión nacional y popular y coordinadas por la Cámara de la Economía Civil. (La autogestión, por supuesto, estaría debidamente reglamentada y con compromisos de generación de valor, calidad, nuevos proyectos, desarrollo de facultades y capacidades de los trabajadores y servicio social).
d) Las unidades de producción asociada. Para la pequeña producción de bienes y servicios, con propiedad personal o trabajo familiar. Tendrían responsabilidad social de abasto, productividad y calidad. Con la ciencia de la administración a su alcance, se facilitaría la elevación de la eficiencia y la distribución del valor entre sus miembros. Serían coordinadas por la Cámara de la Economía Asociada.
e) Las unidades de servicios públicos. Encargadas del equipamiento urbano, la seguridad civil, la higiene y la proyección del medio ambiente, el transporte local, el agua potable, etc. Con dirección comunal civil, con coordinación de consejos municipales y con responsabilidad y supervisión públicas.
f) Las unidades de oficios y servicios de mantenimiento. Con ejercicio libre de oficios tradicionales, para el mantenimiento de bienes domésticos y semiduraderos. Bajo coordinación local, con régimen de precios supervisado públicamente y con responsabilidad civil. [Véase nuestro libro Del socialismo de control al socialismo nuevo].
Esta estructura colectiva significa el respeto a la pequeña propiedad personal, generadora de valor con el propio trabajo; el régimen de asociación para la defensa de sus intereses particulares; y la instancia nacional y pública como bases de sustento de la vida colectiva y democrática. Así se da entrada a las propensiones personales en la nueva sociedad y se evitan el mercado negro y la informalidad, al incorporarlas al espacio económico general.
Y casi sobra aclarar: este interés particular legitimado con el trabajo excluye al capital, esto es, a la propiedad que puede generar ganancia utilizando el trabajo ajeno. La coordinación entre el interés particular y el común, por tanto, se dará en el mismo plano del interés del trabajo diferencial. Mientras que en el liberalismo el interés particular, magnificado como capital, acaba absorbiendo al interés del trabajo y al mismo interés público o común.
3.
El retorno a la economía productiva y el freno a la especulación es una necesidad urgente para nuestras naciones. Sin ello, el empleo, la distribución del ingreso, la producción y la generalización de los beneficios de la economía no son posibles.
El retorno a la economía productiva y el freno a la especulación es una necesidad urgente para nuestras naciones. Sin ello, el empleo, la distribución del ingreso, la producción y la generalización de los beneficios de la economía no son posibles.
4.
Por supuesto, regular la depreciación tecnológica, significa regular la innovación, que hoy obedece a la maximización de las ganancias por las corporaciones.
Por supuesto, regular la depreciación tecnológica, significa regular la innovación, que hoy obedece a la maximización de las ganancias por las corporaciones.
El mito del “desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas” del socialismo de control, igual que el desarrollo “libre” de las mismas en el capitalismo (sobre todo en los armamentos, en la competencia empresarial, en la reducción de los costos de la mano de obra), olvidó que:
a) la humanidad reclama una tecnología que al mismo tiempo que eleve la eficiencia, desarrolle las aptitudes, facultades y capacidades de todos los seres humanos como bases para la realización plena de su vida;
b) una nueva tecnología que frene la destrucción del planeta (sustitución de energías petrolíferas y atómicas por formas limpias), procesos de producción naturales (contra los generadores de sustancias que erosionan el medio ambiente y la atmósfera), equipos de transporte colectivo eficientes (para detener el crecimiento irracional del vehículo individual), etc. Y sobre todo ello,
c) las tecnologías que suplan a los trabajos peligrosos e insalubres (en la minería y otras áreas), monótonos y antiintelectivos en favor del trabajo “inteligente”, “ético” y “estético”.
El socialismo del siglo XXI deberá aprovechar los avances tecnológicos actuales y generar los propios, para liberar a la familia (y sobre todo a la mujer) del peso del trabajo doméstico, del derroche del tiempo social en trámites y transporte innecesario, etc.
En lo referente a la nueva racionalidad económica y la disminución del crecimiento “en términos de valor”, nos permitimos, por el momento,
Primero. Hacer observar que la racionalidad económica actual (centrada en el cálculo de la ganancia como fin), a la que se ha sobrepuesto la racionalidad tecnológica que ha refuncionalizado las instituciones, el saber, la educación, la salud y la vida civil en general en favor de la economía alienante, constituye el hoyo negro que absorbe todas las fuerzas sociales.
Segundo. Que el romanticismo destilado en algunos textos de Marx y otros comunistas en contra del dinero y el valor general, indujo a reorganizar la sociedad socialista de control sobre la base del cálculo natural de las necesidades.
Eso mismo se hace en el capitalismo: cada año, de acuerdo con el incremento de la población, la superficie de siembra, la importación de alimentos, se abastece a la población; igual que se calcula el volumen de ventas de bienes de consumo general. Sin embargo, aunque el mismo cálculo puede realizarse en los bienes de consumo duradero, como un coche o una casa, tomando como base el volumen de los mismos, el cálculo general de la eficiencia y la productividad, donde interviene la producción de materiales intermedios, las máquinas y medios de producción, los equipos para servicios diversos y los costos del trabajo mismo, no son realizables en esos términos.
Precisamente, el cálculo del valor y la plusvalía basado en el concepto de “fuerza de trabajo” (en el que tanto insistió Marx al decir que “el trabajador vende la fuerza de trabajo y no el trabajo”), resulta limitado para medir la generación del valor social general. Dado que el avance tecnológico, la preparación educativa técnica o profesional, los servicios de salud, la programación del descanso y el tiempo libre, así como del entretenimiento y la diversión, intervienen como generadores indirectos de dicho valor colectivo, además del directo asignado al tiempo de trabajo aplicado por el trabajador.
De allí que el cálculo natural de las necesidades y la producción, suficiente para normar la vida de una comunidad, es insuficiente para incrementar los resultados de la economía general. Y esto es aún más destacable, puesto que, además de la función productiva, que tradicionalmente fue el centro de atención, la del consumo, la circulación y la distribución del capital han adquirido su propia capacidad para influir en la sociedad, generando y absorbiendo riqueza. Igual que la producción de servicios en la investigación, el cálculo, el diseño, el proyecto, el análisis, etc., es generadora de riqueza en su contenido contemporáneo.
Por todo lo anterior, el cálculo de la inversión, de la velocidad de circulación del ingreso, etc., requerirá unidades de medición de la productividad, de la eficiencia, del valor del dinero, del trabajo complejo de hoy, de la oportunidad, para evitar los enredos en los que cayó la economía planificada de la URSS con su esquemas de transferencias discrecionales entre las diversas ramas productivas.
Pues no hay que olvidar que el plus de riqueza producida en un período determinado tendrá como destino no sólo la respuesta a las necesidades de los seres humanos concretos, sino también a la vida pública y nacional, a los servicios civiles colectivos y a la generación de necesidades humanas superiores. Para lo cual no basta el “cálculo a ojo” estadístico de lo que se requiere periódicamente.
El mismo cálculo del desgaste productivo de la tecnología, de la obsolescencia de los bienes semiduraderos, y de la destrucción de bienes por el consumo, que hoy se realiza en beneficio del capital, puede realizarse en favor de la reorientación del plus de valor hacia fines humanos. (Lo relativo al costo de la destrucción del planeta se verá más adelante
HACIA OTRA DEMOCRACIA
Es hora de profundizar la democracia, dice Wim,
HACIA OTRA DEMOCRACIA
Es hora de profundizar la democracia, dice Wim,
1. Formar una “comunidad de seres concretos con necesidades concretas y no el homo oeconomicus abstracto”; “reconsiderando además el trabajo voluntario y doméstico” (p.35).
2. “Una democracia orientada hacia aspectos cualitativos de la vida misma, con la solidaridad, el cuidado hacia lo que nos rodea, incluyendo la naturaleza y el medio ambiente”. (p.32)
3. “Que cada ser humano tenga lo apropiado para vivir y con qué vivir”. (p.33).
4. “Una democracia de forma y contenido, centrada en el bien común que se sobrepone a la relación medio-fin”. (p.37).
5. “Una democracia con participación más directa de los ciudadanos”. (p.38).
Comentarios
1.
En efecto, es urgente reorientar las sociedades hacia el único fin que puede justificar cualquier política: el engrandecimiento de la humanidad.
Comentarios
1.
En efecto, es urgente reorientar las sociedades hacia el único fin que puede justificar cualquier política: el engrandecimiento de la humanidad.
El hombre abstracto, sea medido en el tiempo de trabajo, en el monto del dinero poseído o en el poder ejercido, es un fantasma o ser ficticio que gira en su alienación sobre la inhumanidad. Las mismas ciencias sociales han contribuido a su vaciedad. Estas reducen a sus “relaciones sociales externas”, a la medición de su consumo o su nivel de ingreso.
Así la economía oculta su triple modo de existencia: como persona con autonomía, dignidad y fines propios; como individuo, que sintetiza las fuerza de las relaciones sociales y se convierte así en un centro irradiador de proyectos y propuestas; y como ciudadano como asiento vivo de la vida política y la soberanía del pueblo.
Pero a estas determinaciones que le dan un carácter concreto al átomo social, se agrega las que adopta por el modo de actividad: como obrero, campesino, técnico, profesionista, estudiante, etc., y como miembro de una nación. De tal manera, el nuevo ciudadano, título conquistado como modo universal en la Revolución Francesa de 1789, y transfigurado en un rótulo formal en la democracia electoral, encuentra el modo concreto de la ciudadanía en el socialismo nuevo.
Y, por supuesto, las necesidades abstractas, medidas por la función del consumo en el capitalismo, han de dejar lugar a las necesidades concretas definidas por la posición en la triple dimensión y en la posición social que cada uno tenga como trabajador.
No obstante, lo que es “concreto” no basta, se requiere que sea una condición general de la vida, una norma que rige sin depender del arbitrio del poder. Y para ello debe convertirse en norma jurídica, dotada de las garantías y los medios reales para la realización de las libertades básicas de la persona (pensar, escribir, hablar, asociarse, transitar, manifestarse, creer); del individuo (la alimentación, la vivienda, el vestido, la salud, la educación, la seguridad, etc.), y del ciudadano (educación cívica, acción pública, organización política, capacidad para el ejercicio legislativo, ejecutivo, judicial, etc., por cada ciudadano).
En lo referente al trabajo doméstico, la sociedad del futuro deberá anular su peso con un equipamiento tecnológico adecuado; el trabajo voluntario, por su parte, podrá sumarse al trabajo familiar y volverse fuente de ingreso en las unidades económicas asociadas o el trabajo por oficios.
2.
En efecto, la democracia formal, que ha adoptado la forma del mercado, lleva en sí misma su destrucción. Tiende, como decía Aristóteles, a convertirse en oligarquía, al pasar del régimen de mayorías al de minorías por obra del incremento en el número de candidatos a la representación. (La conocida paradoja: a más democracia, menos democracia. En México, por ejemplo, se gobierna con un 20 por ciento del total de electores directos. 15M de un total de 75). Es la lógica misma de la atomización liberal de la soberanía popular; que, frente al poder organizado del empresariado y el estado, nada puede.
En efecto, la democracia formal, que ha adoptado la forma del mercado, lleva en sí misma su destrucción. Tiende, como decía Aristóteles, a convertirse en oligarquía, al pasar del régimen de mayorías al de minorías por obra del incremento en el número de candidatos a la representación. (La conocida paradoja: a más democracia, menos democracia. En México, por ejemplo, se gobierna con un 20 por ciento del total de electores directos. 15M de un total de 75). Es la lógica misma de la atomización liberal de la soberanía popular; que, frente al poder organizado del empresariado y el estado, nada puede.
Para el socialismo nuevo, el principio de la soberanía popular del liberalismo debe ser incorporado a la sociedad, dándole organización efectiva. Su reducción al poder electoral es una deformación, pues el ejercicio del voto, para ser efectivo, debe levantarse sobre la organización política del pueblo mismo. Sólo así tiene la fuerza para determinar su rumbo. Aquí se funda la verdadera democracia política, sin la suplantación por los organismos partidarios.
Pero a la democracia política de la soberanía y la representación le falta la democracia civil que, como dice el artículo 3º de la Constitución Mexicana, es la “forma de vida basada en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.
Una democracia, como dice Dierckxsens, “cualitativa”. Y solidaria, pero no fundamentalmente; pues, además del carácter denigrante que ha adoptado la palabra “solidaridad” en México desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, al pervertirse como la dádiva y la compra de la conciencia de los más pobres con despensas y ayudas diversas, cuyo objetivo es contener los estallidos sociales, siempre es preferible el bienestar legitimado y garantizado por la ley. De otro modo, el pobre es manipulado y su conciencia es doblegada a cambio de la subsistencia, sin despertarse en él la iniciativa de la transformación.
3.
En lo referente a las necesidades de cada uno (que tenga los medios apropiados para vivir), ya se debatió en el siglo XIX.
En lo referente a las necesidades de cada uno (que tenga los medios apropiados para vivir), ya se debatió en el siglo XIX.
La complejidad de la vida en el siglo XX hizo ver que la vieja fórmula, “a cada quien según sus necesidades, de cada quien según sus capacidades”, es aplicable en pequeñas comunidades, pero no en las sociedades donde la producción universal se hace presente. Con el riesgo de volverse una fuente de control, pues no hay ninguna garantía de que el estado decida correctamente por cada individuo.
Sólo poniendo al alcance general de todos la producción universal de bienes para el consumo, el uso y la preparación personales, para todos y no sólo para una minoría, se puede respetar la libertad de los “consumidores”. (Las decisiones autoritarias del estado soviético sobre las propensiones de los jóvenes al elegir una profesión; o sobre la determinación de lo que eran las “necesidades generales”, son una muestra de tal control).
La falsa contraposición entre estado y mercado y entre democracia y mercado, pasa por alto que, desde la antigüedad hay varios tipos de organización económica. (El mercado de intercambio restringido, el de transferencia, el generalizado, el proteccionista, etc.). Lo que se requiere es cambiar su mecanismo e impedir que genere desigualdades y monopolios, que hoy aprovecha el capital a su favor.
Y debe recordarse, sobre todo, que el mercado no es sólo la compra- venta de mercancías de consumo o de uso para la población. La estructura central del mercado radica en el intercambio entre las ramas de producción de medios de producción (materias primas, bienes intermedios, maquinaria y equipos para la producción) y las ramas que producen o “transforman” los materiales en bienes de consumo (alimentos, vestidos, etc.), de uso semiduradero (equipos domésticos y otros bienes de uso personal, profesional, etc.) o duradero (casa-habitación, vehículos, etc.).
Estas dos ramas, cuyo intercambio es el regulador espontáneo tecnológico, de productividad y de recursos (hoy en manos de los grandes imperios y las corporaciones planetarias, puesto que ellos tienen el monopolio de la primera rama y dejan áreas de la segunda a los países débiles), recibieron la intervención “rectora” del estado fascista en los 20’s, de la política keynesiana desde los 30’s (e incluso desde la dictadura de Bismarck en los 70’s del siglo XIX alemán), y en el socialismo de control.
Precisamente, el hecho de que los grandes centros imperiales y las corporaciones tengan el monopolio de la producción de medios de producción, cuya fuerza fundamental es hoy la base científico-tecnológica, hace posible el dominio y la dependencia económica de nuestros países. Y debe reconocerse que el keynesianismo, el proteccionismo industrial, el desarrollismo y otras políticas económicas, no fueron suficientes para romper esta dependencia. Al contrario, en muchos casos la ahondaron (como hemos puesto de manifiesto en nuestro libro El México nuevo. República democrática de los trabajadores).
Hoy, dados los avances de la ciencia de la organización industrial, de la distribución, de la contabilidad de costos y del valor, es factible que las naciones latinoamericanas se unan para formar empresas multinacionales de ciencia y tecnología que pongan al alcance de nuestros países bienes y servicios, a precio de costo y en beneficio de las mismas naciones inversoras.
Mientras no contemos con una industria autónoma de tales bienes, la soberanía nacional estará maniatada por los imperios (sean EU, Rusia o Europa). Y mientras eso no suceda, los efectos destructores del libre mercado serán mayores en nuestros países (como lo ponen de manifiesto los TLC). El problema no es, por tanto, anular el mercado, sino contar con un mercado con autonomía, en asociación soberana con los países latinoamericanos, y con reguladores propios.
Además, en una sociedad basada en el trabajo con exclusión del capital, el intercambio fundamental puede darse ordenadamente entre la producción nacional, la pública, la autogestionaria, la asociada y la personal. Lo cual equivale a un mercado con el doble respaldo del orden económico y de la estructura social de los trabajadores organizados. Depositados en la esfera pública los medios de producción y estando en manos de la soberanía nacional la infraestructura, se cuenta con los mecanismo de regulación objetivos (no maniatados por una burocracia gubernamental) para generar los equilibrios que permitan generalizar el intercambio entre ramas y áreas de producción, poniendo al alcance de las personas los bienes que éstas decidan y necesiten para satisfacer sus necesidades sin coacción o condicionamiento clientelar político o ideológico.
De manera que nunca ha habido tal mercado “libre”, concebido como un juego azaroso de mercancías, pues toda estructura suya supone un regulador, intencional o espontáneo. Lo importante es instrumentar el que proteja al interés común de la sociedad y no de los monopolios, el capital o la burocracia.
Y, sobre todo, se habrá de sobrepasar este estadio de la humanidad, que aún no supera el de la subsistencia, para desarrollar necesidades cuyo contenido sea cualitativamente nuevo: las necesidades de la humanidad universal, distintas las que provienen de nuestra formación natural.
Entre ellas: el desarrollo de las aptitudes, facultades, capacidades y habilidades universales del ser humano; las necesidades de generación intelectual, estética y cultural; la preparación y el fomento de las capacidades para la vida pública, el impulso a las formas de expresión, asociación, comportamiento y sensibilidad para la vida digna; y las necesidades axiológicas o de la vida conforme a valores.
De primer orden, puesto que de aquí depende la sobrevivencia de la vida sobre el planeta, se presenta la necesidad de cambiar nuestros comportamientos, la producción industrial, la política energética y nuestros medios de transporte, para convertir la lucha por el equilibrio planetario en una necesidad de nuestra vida diaria.
Lo cual no significa que, como lo hace el capitalismo, la solución radique en introyectar la culpa en las poblaciones haciendo creer que basta limpiar el medio ambiente para resolver este problema. Es vital impulsar una verdadera ecología política, con la organización de las fuerzas necesarias para transformar las bases productivas y tecnológicas y, por supuesto, sustituir los núcleos de poder que son los responsables de la destrucción de la vida sobre la tierra, por la soberanía social y nacional.
Cuando la sociedad tenga los medios y las formaciones humanas para satisfacer estas necesidades de modo colectivo y general; y cuando éstas sean una base imprescindible para vivir en sociedad (como lo son hoy la lectura y la escritura, que tampoco son naturales), se habrá dado el salto cualitativo más grande en la evolución histórica.
Estas son el faro principal, cuyo impulso no puede dejarse como una tarea pendiente para las generaciones del porvenir. Al contrario, cualquier transformación histórica actual que no contenga en sus propósitos el desarrollo de tales necesidades, corre el riesgo de girar en redondo haciendo el servicio al industrialismo, al economicismo y al tecnologismo que representan al simple “progreso”. Su generación debe iniciarse, pues, desde hoy, con nosotros mismos.
4.
Una democracia de forma y contenido, centrada en el bien común, que supere la relación medio-fin, dice Wim.
Una democracia de forma y contenido, centrada en el bien común, que supere la relación medio-fin, dice Wim.
En efecto, ya ha sido planteado antes, la democracia debe superar la forma y la atomización, para llegar a la vida humana, civil y política fundamentales. La vieja tesis de Kant: “tratar al hombre como fin y no como medio”, quedó en el olvido con la explotación del trabajo ajeno, el practicismo de las izquierdas y las derechas, el pragmatismo, el control social y la manipulación. A lo sumo, se depositó en manos de la convicción moral, a discreción de la voluntad de cada quien.
Hoy es posible si, sobre la base del interés del trabajo, el único que puede ser universal, al contrario de la propiedad o el capital que son excluyentes, se constituye una sociedad donde se integren los intereses particulares de cada rama o sector con el interés colectivo, público y nacional. De tal manera, la realización de la humanidad universal, que con frecuencia queda como una frase sin concreción, encuentra en la sociedad concreta su fin particular; igual que la sociedad del trabajo encuentra en el género humano universal su fin universal. Así, al engrandecer la sociedad, todo lo que el ser humano haga traerá beneficios sobre el hombre; como colectividad y como persona, pues él mismo como organización social será su fin.
De lo contrario, sin levantar dicho fin sobre una base real e histórica, “tomar el hombre como un fin” en sí mismo y no como un medio, puede enriquecer la vida de quienes por buena voluntad cumplen con tal valor. Pero, como ha sucedido hasta hoy, la mayoría será tomada como cosa u objeto a disposición del poder y la explotación.
5.
Una democracia con participación “más” directa. Debe recordarse que la participación (que está implícita en la concepción de Platón) abría la escisión entre una instancia con entidad propia y otra con entidad vicaria. Al “participar” algo en algo (el ciudadano en el bien común, por ejemplo), se establecía la conexión pero no la identidad entre ambos.
Una democracia con participación “más” directa. Debe recordarse que la participación (que está implícita en la concepción de Platón) abría la escisión entre una instancia con entidad propia y otra con entidad vicaria. Al “participar” algo en algo (el ciudadano en el bien común, por ejemplo), se establecía la conexión pero no la identidad entre ambos.
Por eso, la fórmula liberal de la democracia, “del, por y para el pueblo”, hoy escamoteada por las fórmulas de la representación partidaria, electoral y, sobre todo, por la industria de las encuestas, trató de anular dicha distancia.
El comunismo “no científico”, el anarquismo y el sindicalismo llamado revolucionario, insistieron en la democracia directa; factible en pequeñas comunidades, pero no realizable siquiera en los sindicatos “de industria”. Su desenlace histórico fue la suplantación de la participación por los partidos y los medios de comunicación, del ciudadano por el estado y los partidos, de la base por el líder.
Hoy se convierte en una necesidad de la vida política. Lo que sólo es universalmente realizable si se garantiza y se establecen los medios para la organización del viejo principio liberal de la soberanía del pueblo. Lo cual puede se efectivo si se anula el principio del ciudadano atómico y formal, para elevarlo a su determinación como miembro activo, con posición y decisión social reales.
Esto quiere decir: universalizar la participación del ser humano en la gestión de sus propios asuntos.
De las personas en el respeto, las garantías y los medios para el ejercicio de los derechos humanos; de los individuos en su trabajo, sus instituciones civiles de salud, educación, seguridad, etc.; de los ciudadanos en sus propios consejos populares, constituidos desde la base y al alcance de sus decisiones.
Una participación libre y universal como ciudadanos, como miembros de las instituciones y como base de un nuevo estado, es lo que se requiere. No es éste el lugar adecuado para ventilar la nueva organización del estado (que hemos planteado en nuestro libro El México nuevo y Del socialismo de control al socialismo nuevo); pero estos cambios requerirían la trasformación del estado trinitario en el estado de asamblea (la nacional y la del pueblo), como vía para la organización efectiva de la soberanía, para el ejercicio efectivo de la representación universal y para la participación general de toda la ciudadanía en la gestión de sus propios asuntos.
LA NUEVA RACIONALIDAD ECONÓMICA
El marco actual y las nuevas propuestas que se perfilan para constituir la sociedad del futuro, inducen a la transformación de la racionalidad económica predominante. De una economía basada en la explotación de la naturaleza, con medios de producción y fuentes energéticas que han destrozado la vida sobre el planeta, y con fines de ganancia que relegan el bienestar social, se pasaría a:
LA NUEVA RACIONALIDAD ECONÓMICA
El marco actual y las nuevas propuestas que se perfilan para constituir la sociedad del futuro, inducen a la transformación de la racionalidad económica predominante. De una economía basada en la explotación de la naturaleza, con medios de producción y fuentes energéticas que han destrozado la vida sobre el planeta, y con fines de ganancia que relegan el bienestar social, se pasaría a:
1. Una economía medida por el Indicador del Progreso Genuino (IPG, Halstead y Cobb), en sustitución del Producto Interno Bruto Actual (PIB).
El IPG se caracterizaría por:
- Restar los costos de la destrucción ambiental al PIB.
- No hipotecar el futuro de las nuevas generaciones.
- No tomar más recursos de la naturaleza que los que ésta puede reemplazar en su ritmo normal de reproducción.
- Incrementar la vida de los productos humanos, elevando su calidad y conservación. (Con la consiguiente disminución de la presión sobre la naturaleza).
- Una vida humana en paz, para reducir los gastos de defensa y transferirlos a la vida productiva civil.
“La medición sintética del IPG se obtiene a partir del aumento del tiempo libre”.
Comentarios
Cierto.
- No hipotecar el futuro de las nuevas generaciones.
- No tomar más recursos de la naturaleza que los que ésta puede reemplazar en su ritmo normal de reproducción.
- Incrementar la vida de los productos humanos, elevando su calidad y conservación. (Con la consiguiente disminución de la presión sobre la naturaleza).
- Una vida humana en paz, para reducir los gastos de defensa y transferirlos a la vida productiva civil.
“La medición sintética del IPG se obtiene a partir del aumento del tiempo libre”.
Comentarios
Cierto.
Uno.
La medición del PIB, dada la apertura de los mercados, el dominio tecnológico mundial, el control de las importaciones y las exportaciones por las corporaciones planetarias, el surgimiento de la clase supranacional (con capital corporativo y financiero desligado de todo interés nacional o social), resulta una ficción. Pues el dominio imperial es patente. (Dado que el 84 por ciento de las empresas mexicanas trabajan con insumos foráneos, es obvio que el capital extranjero controla la importación y la exportación y esta última no mide la capacidad productiva del país. Basten dos datos: el 29.2 por ciento de las exportaciones es de la rama automotriz, el 40 por ciento de la industria maquiladora. Ambas extranjeras).
Dos.
Además, dada la destrucción del planeta por la extracción irracional de los materiales, por la producción de sustancias nocivas que destruyen la atmósfera, por la contaminación, por el uso de materiales energéticos de alta destructividad ambiental, si se considera el costo de reconstrucción que implicaría recuperar el equilibrio planetario, los números se volverían rojos para nuestros países, mientras son negros y reportan utilidades gigantescas para los imperiales. La racionalidad económica capitalista no sale bien librada.
Tres.
La destrucción de la vida humana, con individuos que padecen una u otra forma de erosión de la mentalidad, con la alienación generalizada y la conducta al borde del estallido, el gasto excesivo del tiempo en el transporte y el trabajo, la baja actividad generadora, la sordidez del trato y la baja dignidad que se manifiesta en las relaciones sociales, todo ello implica costos negativos que no son tomados en cuenta en la racionalidad basada en los medios del capital y los fines de la ganancia.
Cuatro.
En pocas palabras, la contabilidad nacional basada en el PIB es tuerta, sólo ve con un ojo. Sólo contempla la columna del “haber” y no considera la del “debe”. Si se consideran esos rasgos negativos de la actividad económica, se podría llegar a la conclusión de que tras el PIB se ocultan las economías de suma cero. Y claro, éste es un sendero generador de desigualdad: mientras unos cuantos países e individuos poseen la riqueza, la gran mayoría vive en la inhumanidad.
Es hora, pues, de cambiar radicalmente la organización económica y la contabilidad nacional. Establecer una economía que funcione por obra de, por y para el trabajo; que tenga como principio y como fin al trabajo.
Al sistema de producción basado en el trabajo liberado y nacionalmente organizado, le debe corresponder un sistema de distribución del ingreso que garantice el engrandecimiento de la vida pública y nacional, que reintegre al planeta lo que se le debe, que asegure satisfacer las necesidades de los seres humanos y que libere al trabajador del desgaste humano que sufre, abriendo una era de dignidad y “plenitud”, como dice Wim, en la vida social.
Particular importancia adquieren al respecto los recursos que la sociedad deberá dedicar a sustituir las fuentes energéticas actuales por otras que tengan una eficacia mayor y que no traigan efectos destructores sobre la vida del planeta. No es cuestión de fuentes “alternativas” que, como en la medicina, complementan el dominio de las existentes (los hidrocarburos y la atómica), sino de una modificación radical para iniciar una nueva era en la vida de la Tierra. (Privilegiar la energía lumínica, la electromagnética, la solar, la geotérmica, la hidráulica, la eólica; adaptadas a las necesidades diferenciales de la planta productiva, el consumo doméstico, el urbano, etc. Y hacer desaparecer el uso de las actuales).
Ahora bien, para superar los errores de medición y el escamoteo de la apropiación de la riqueza, Dierckxsens propone el Indicador del Progreso Genuino.
Es bueno recalcar un detalle. La medición del IPG en términos del tiempo libre sigue girando sobre el eje del trabajo concebido como “carga”, y que el socialismo de control interpretó como un “premio” al esfuerzo, mientras el capitalismo lo ha usado para incrementar la alienación y hacer negocio con dicho tiempo.
Desde nuestro punto de vista, sobre la base de las nuevas necesidades humanizadas ya señaladas, el tiempo libre se vuelve creativo, deja de ser un “descanso” o un ocio inútil, para volverse generador de humanidad. Pues sería el tiempo en el que cada quien, o de modo asociado, consumaría su autonomía personal, su proyección personal y su participación libre en la vida cívica; además de cumplir con sus obligaciones en la vida civil con la aportación de su cuota de trabajo obligatoria.
Sólo así, “racionalidad de la economía” existente puede ser superada por una racionalidad social general. Y eso no puede ser de otra manera, pues la racionalidad económica, tecnológica, educativa, etc., obedecen a funciones parciales y no a la totalidad social. Del predominio del economicismo se pasaría a la soberanía social como referente principal de la racionalidad.
La nueva racionalidad social (además del establecimiento de nuevas formas del cálculo del valor, la riqueza y la distribución, vistas en IIA.4), levantada sobre el trabajo universal daría unidad a la actividad productiva. Esta trabajaría con materiales extraídos, procesados y usados con una racionalidad basada en el respeto a la naturaleza; con medios tecnológicos y una organización del trabajo adaptada al mejoramiento y la dignidad de la vida social; y con fines humanistas, concretizados en la satisfacción de las necesidades básicas y la elevación de las necesidades humanizadas.
MEDIDAS NECESARIAS Y POSIBILIDADES QUE ABRE EL IPG
1. Con la “ética del bien común” como brújula de una economía alternativa, las medidas necesarias para reorientar el producto nacional son: las “inversiones liberadoras y solidarias”, acomodando la economía “en función de la vida misma”, no del consumo superfluo; el “crecimiento negativo” que anule el derroche, el despilfarro y la obsolescencia programada que expolian al planeta y la población; la coordinación de ritmos de la producción y la reproducción de la naturaleza; la redistribución del ingreso entre los países; la soberanía alimentaria, la socialización del conocimiento. Así se logrará una economía de “lo suficiente y de lo necesario”.
2. Las posibilidades que esto abre: el estudio, la cultura y la recreación como realización personal; la vinculación de los derechos de la persona y el ciudadano con la comunidad y no con el mercado.
Comentarios
1.
Terminar con la entrega del espacio económico de nuestros países al capital extranjero directo, con el pretexto de brindar empleo (como ha sucedido con la apropiación extranjera del sistema bancario, de la minería, los ferrocarriles, de gran parte del espacio productivo e incluso de servicios de distribución de gas a los hogares y como se pretende hacer con el petróleo y la electricidad en el México neoliberal) es una consigna de primera línea.
MEDIDAS NECESARIAS Y POSIBILIDADES QUE ABRE EL IPG
1. Con la “ética del bien común” como brújula de una economía alternativa, las medidas necesarias para reorientar el producto nacional son: las “inversiones liberadoras y solidarias”, acomodando la economía “en función de la vida misma”, no del consumo superfluo; el “crecimiento negativo” que anule el derroche, el despilfarro y la obsolescencia programada que expolian al planeta y la población; la coordinación de ritmos de la producción y la reproducción de la naturaleza; la redistribución del ingreso entre los países; la soberanía alimentaria, la socialización del conocimiento. Así se logrará una economía de “lo suficiente y de lo necesario”.
2. Las posibilidades que esto abre: el estudio, la cultura y la recreación como realización personal; la vinculación de los derechos de la persona y el ciudadano con la comunidad y no con el mercado.
Comentarios
1.
Terminar con la entrega del espacio económico de nuestros países al capital extranjero directo, con el pretexto de brindar empleo (como ha sucedido con la apropiación extranjera del sistema bancario, de la minería, los ferrocarriles, de gran parte del espacio productivo e incluso de servicios de distribución de gas a los hogares y como se pretende hacer con el petróleo y la electricidad en el México neoliberal) es una consigna de primera línea.
Esa entrega es una muestra de que la política seguida por los gobiernos neoliberales de abrir empleo, generar ingreso y promover el consumo (como lo planteara el keynesianismo), cuando se hace con capital foráneo, no son indicadores de “progreso” ni de integración nacional. Hoy son ejemplo de colonización y de la propensión del capital criollo a aliarse con el supranacional, sin importarle la vida nacional.
Por eso, el concepto de “inversiones”, cuyo significado se agranda como si fueran la tabla de salvación de nuestras sociedades, no basta para abrir nuevos horizontes. Pero también, el concepto de “inversiones solidarias”, en sociedades azotadas por la miseria extrema, por la desocupación, la subocupación y la informalidad, como México, ha sido utilizado para amarrar la dependencia política clientelar con el programa “solidaridad”. (Hoy convertido en Secretaría de estado).
Su función ha sido dar subsidios a la población para contener los estallidos y mitigar el hambre: se trata de un servicio que hace el estado mexicano al capital extranjero y al nacional, para dar “seguridad a sus inversiones”.
Como ha sido planteado, se trataría, más bien, de reorientar el esquema de reproducción de la riqueza potenciando la economía civil con la nacional y la pública. Sólo así, con la integración autónoma del mercado productivo con el de transformación y el de consumo; no con el esquema segmentado que le asigna la división internacional del trabajo imperial y corporativa. Y sólo así la demanda de trabajo, con una planta productiva integrada, generaría la riqueza, el empleo y la distribución del ingreso suficiente para que cada uno solvente sus necesidades con dignidad.
2.
La “ética del bien común”, cuya importancia fue cardinal en épocas anteriores a la sociedad de derecho, sigue guardando validez; pero la nueva política económica distributiva no puede dejarse en manos de la convicción o el concepto del deber de cada grupo o de cada quien. Es el derecho, que deberá rodearse de las garantías y los medios reales necesarios para hacerse vigente en beneficio del pueblo y la nación, la norma objetiva que debe regir las nuevas relaciones.
La “ética del bien común”, cuya importancia fue cardinal en épocas anteriores a la sociedad de derecho, sigue guardando validez; pero la nueva política económica distributiva no puede dejarse en manos de la convicción o el concepto del deber de cada grupo o de cada quien. Es el derecho, que deberá rodearse de las garantías y los medios reales necesarios para hacerse vigente en beneficio del pueblo y la nación, la norma objetiva que debe regir las nuevas relaciones.
En tanto que la ética, al contribuir a superar la cosificación y la alienación de las personas y las sociedades, es una vía para enriquecer las relaciones de humanidad.
3.
Respecto al consumo necesario y superfluo, es obvio que el mismo término económico (cuyo significado original es “destruir”) no es aplicable a la vida humana, es sólo una función económica.
Es sabido, el consumo asociado a la utilización o el uso de un bien básico, la sociedad humana conserva la vida existente. Pero en toda praxis va implícita también la generación de un plus, del cual la plusvalía de Marx es sólo un caso. Es el lado constitutivo de la acción. Distinto al lado práctico, cuyo alcance no rebasa la reiteración o conservación de lo existente, el lado práxico de la acción genera algo nuevo que toma carácter necesario, al volverse una condición o fundamento de la evolución histórica. (La lectura y la escritura señaladas son un caso, el desarrollo de las aptitudes, facultades y capacidades humanas más elevadas es otro.).
Respecto al consumo necesario y superfluo, es obvio que el mismo término económico (cuyo significado original es “destruir”) no es aplicable a la vida humana, es sólo una función económica.
Es sabido, el consumo asociado a la utilización o el uso de un bien básico, la sociedad humana conserva la vida existente. Pero en toda praxis va implícita también la generación de un plus, del cual la plusvalía de Marx es sólo un caso. Es el lado constitutivo de la acción. Distinto al lado práctico, cuyo alcance no rebasa la reiteración o conservación de lo existente, el lado práxico de la acción genera algo nuevo que toma carácter necesario, al volverse una condición o fundamento de la evolución histórica. (La lectura y la escritura señaladas son un caso, el desarrollo de las aptitudes, facultades y capacidades humanas más elevadas es otro.).
Los satisfactores son comodidades que liberan el espíritu, la sensibilidad, la inteligencia y la acción para generar ese plus que eleva por encima de lo inmediatamente natural apuntando al plano de la humanidad. Los lujos son expresión de refinamientos no necesarios, de ellos sólo el lujo del pensamiento engrandece a la conciencia y la vida humana. Pero las comodidades liberan del trabajo doméstico y del peso de la cotidianidad y propician la elevación de la vida. La sociedad, pues, no puede permanecer en la exigencia de producir “lo suficiente y lo necesario”.
4.
La soberanía alimentaria es una necesidad urgente de nuestras naciones. Es cierto que las características naturales de cada país determinan en muchos casos limitaciones al respecto; pero, igual que con las multinacionales de ciencia y tecnología, se pueden lograr acuerdos de producción e intercambio de productos alimenticios entre los latinamericanos.
La soberanía alimentaria es una necesidad urgente de nuestras naciones. Es cierto que las características naturales de cada país determinan en muchos casos limitaciones al respecto; pero, igual que con las multinacionales de ciencia y tecnología, se pueden lograr acuerdos de producción e intercambio de productos alimenticios entre los latinamericanos.
Es urgente romper la dependencia imperial alimentaria; y, sobre todo, terminar con los tratados de librecambio de productos con el imperio. La crítica común, e incluso de las izquierdas, a los subsidios que el gobierno de EU da a sus productores parece más bien una justificación de esos tratados. De soslayo se acepta que debemos depender “justamente” de los alimentos producidos por ellos. En lugar de tomar medidas contar con una producción de alimentos autónoma y de establecer acuerdos con las naciones nuestras sobre bases justas, igualitarias y liberadoras.
5.
El restablecimiento de equilibrios entre los ritmos de producción y el uso de materias primas con los de la propia naturaleza sería una medida de gran alcance.
El restablecimiento de equilibrios entre los ritmos de producción y el uso de materias primas con los de la propia naturaleza sería una medida de gran alcance.
El socialismo de control nunca se preocupó por ello, y continuó con el espíritu de dominio implícito en la ciencia y la técnica positivas modernas, sin modificar su contenido y orientación.
Sin embargo, además de resarcir a la naturaleza de los daños causados por la producción, la técnica y el espíritu de dominio, los cambios en la tecnología del siglo XX, con los procesos de miniaturización, con la industria de materiales intermedios, de nuevos materiales y el reciclaje de desechos, facilitan el equilibrio si se sigue una política económica racional al respecto y no se deja al arbitrio de los intereses dominantes.
Y, por supuesto, si no se cambia el régimen de propiedad y se protege de la depredación el asiento natural nacional, no podrá lograrse dicho objetivo.
6.
La “socialización” del conocimiento, puesta de moda en las sociedades informáticas y programáticas, sin una conexión estrecha con las necesidades nacionales, públicas y sociales de nuestros países, significa subsidiar a las empresas privadas al darles personal preparado o recursos de información que puedan implementarse en la producción.
La “socialización” del conocimiento, puesta de moda en las sociedades informáticas y programáticas, sin una conexión estrecha con las necesidades nacionales, públicas y sociales de nuestros países, significa subsidiar a las empresas privadas al darles personal preparado o recursos de información que puedan implementarse en la producción.
Se requiere, por tanto, que el sistema educativo superior haga suyos los fines nacionales, públicos y sociales, que ligue la educación a las necesidades de nuestros países y que impregne a los profesionales y técnicos de esa ética del bien común de que se habló, sin dejar a su arbitrio el uso de los bienes que nuestras naciones ponen en sus manos.
Si, a diferencia del trabajo, la tierra y el capital que eran los factores de la riqueza en la época de Adam Smith, el conocimiento actual es riqueza, junto con los bienes intermedios y el capital, es a condición de que se integre con una política tecnológica y científica y con una planta de trabajo que se oriente a conquistar nuestra soberanía.
7.
La redistribución del ingreso entre los países también merece un comentario. Es sabido que los llamados “modelos” económicos del mundo actual presentan el panorama siguiente:
La redistribución del ingreso entre los países también merece un comentario. Es sabido que los llamados “modelos” económicos del mundo actual presentan el panorama siguiente:
a) El primario exportador. Con predominio de capital extranjero y con exportación de materias primas por las mismas empresas foráneas. Se trata de un modelo de desnacionalización total, implantado en nuestros países después de su liberación de la sujeción al imperio español en el siglo XIX. Su implantación se hizo con la tecnología de la revolución mecánico-industrial de finales del siglo XVIII.
b) El modelo transformador. Con protección industrial y sustitución de importaciones, con la coexistencia del capital extranjero (que se reservó el dominio de las ramas más desarrolladas de la segunda revolución industrial de finales del XIX: la de medios de producción y equipos técnico-científicos, vehículos de transporte, la química, la farmacéutica, la eléctrica, la atómica) y el capital criollo que recuperó el dominio de las fuentes de materiales (extracción petrolera y minera), ferrocarriles y algunas ramas de transformación (vidrio, cemento, cerveza, vestido, calzado, etc.).
c) El modelo trasnacional corporativo. Con dominio de la clase supranacional, desligada de toda función o finalidad nacionales, que subordina a los capitales nacionales e invade las naciones destruyendo ramas completas de la producción, para dejar sobrevivir las complementarias a sus intereses, según las ventajas comparativas que presenten las materias primas, el trabajo, el régimen fiscal, el régimen salarial, etc.
Junto con este modelo, los grandes países conservan el monopolio de las ramas de producción “limpia” y transfieren las ramas sucias a los países pobres, e incluso convierten a éstos en depósitos o basureros planetarios. Es otra forma de división del trabajo internacional, que lleva implícita la desigual distribución del ingreso mundial.
La redistribución, por tanto, significa el establecimiento de un nuevo modelo de producción y distribución mundial de la riqueza, que pueda dotar igualitariamente de tecnología y materiales a todos los países, con convenios de intercambio justos, basados en una relación de soberanía a la altura de nuestros tiempos.
Lo cual significa reorganizar la historia que ha dejado en el rezago a nuestras naciones, que hoy se encuentran a merced del grupo imperial y guerrerista de los 8. Meta que sólo podrá alcanzarse con poderosos movimientos que conquisten la soberanía de nuestras naciones y con movimientos populares que luchen por la liberación del trabajo.
Logrado lo anterior, se tendrán las condiciones necesarias para que la vida “ociosa” del estudio, el pensamiento, el arte, etc., se vuelva creativa en beneficio de la colectividad y la nación. Y, sobre todo, para que la dignidad, la justicia y la libertad sean la norma de convivencia.
Hechas estas consideraciones, reiteramos nuestro reconocimiento al alto significado de los planteamientos de Wim Dierckxsens en su comentado libro.
Julio, 2007
Julio, 2007
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